El enclave azerbaiyano de Najicheván, una región separada del resto del país por territorio armenio, se convirtió en el epicentro de una nueva escalada de tensiones en el Cáucaso tras el impacto de dos drones en zonas sensibles. Según fuentes oficiales de Bakú, uno de los artefactos cayó en las inmediaciones del Aeropuerto Internacional de Najicheván, mientras que el segundo explotó cerca de una escuela en el pueblo de Shakarabad. El saldo preliminar reporta al menos dos personas heridas, aunque las autoridades no han precisado la gravedad de sus lesiones ni si se trata de civiles o personal militar.
El presidente azerbaiyano, Ilham Aliyev, reaccionó con dureza al incidente, calificándolo de “acto terrorista” y señalando directamente a Irán como responsable. En una reunión de emergencia con su consejo de seguridad, Aliyev no solo condenó los ataques, sino que ordenó al ejército preparar “medidas de represalia” contra Teherán. Las declaraciones del mandatario, difundidas por medios estatales, dejaron en claro que Azerbaiyán no piensa quedarse de brazos cruzados: “Nuestras fuerzas armadas tienen instrucciones precisas para ejecutar acciones contundentes”, advirtió, sin detallar qué tipo de respuesta militar podría desplegarse.
La región de Najicheván, con una extensión de apenas 5,500 kilómetros cuadrados, ha sido históricamente un punto de fricción geopolítica. Aunque forma parte de Azerbaiyán, su ubicación —rodeada por Armenia, Irán y Turquía— la convierte en un territorio estratégico, especialmente en el contexto de las tensas relaciones entre Bakú y Teherán. Irán, por su parte, ha negado cualquier participación en los ataques con drones y, a través de su cancillería, ha reiterado su “preocupación” por la creciente militarización de la zona. Sin embargo, las autoridades iraníes no han ofrecido una versión alternativa sobre el origen de los artefactos, lo que alimenta las especulaciones sobre un posible involucramiento de grupos armados o incluso de terceros países interesados en desestabilizar la región.
El incidente ocurre en un momento particularmente delicado para Azerbaiyán, que en los últimos años ha consolidado su posición militar tras la victoria en la guerra de Nagorno-Karabaj en 2020. Bakú ha invertido fuertemente en modernizar su arsenal, incluyendo la adquisición de drones de fabricación turca e israelí, lo que le ha permitido proyectar poder más allá de sus fronteras. No obstante, la dependencia de Najicheván de suministros externos —especialmente de Turquía, su principal aliado— la hace vulnerable a bloqueos o ataques como los registrados este fin de semana.
Mientras tanto, la comunidad internacional observa con cautela. Analistas señalan que una escalada entre Azerbaiyán e Irán podría tener consecuencias impredecibles, no solo para el Cáucaso, sino para todo Oriente Medio. Teherán, que mantiene una relación compleja con Armenia —enemiga histórica de Bakú—, ha advertido en el pasado sobre las ambiciones expansionistas de Azerbaiyán, especialmente en lo que respecta a la creación de un “corredor” que conecte su territorio con el enclave de Najicheván a través de suelo armenio. Este proyecto, conocido como el “corredor de Zangezur”, ha sido rechazado por Irán, que lo ve como una amenaza a su integridad territorial.
Por ahora, el gobierno azerbaiyano ha reforzado la seguridad en Najicheván, desplegando sistemas de defensa antiaérea y aumentando la presencia militar en la frontera con Irán. Las autoridades locales han pedido a la población mantener la calma, aunque el ambiente en la región es de creciente inquietud. En Shakarabad, los vecinos describieron el momento del impacto del dron cerca de la escuela como “un estruendo que sacudió las ventanas”, seguido de una nube de humo negro que se elevó sobre los edificios. “Nunca habíamos vivido algo así”, confesó una maestra que prefirió no dar su nombre por temor a represalias.
El silencio de Armenia, que suele ser un actor clave en los conflictos de la zona, añade otra capa de incertidumbre. Aunque Ereván no ha emitido declaraciones oficiales sobre el incidente, su cercanía con Irán —con quien comparte una frontera de más de 40 kilómetros— podría influir en el desarrollo de los acontecimientos. Mientras tanto, en las redes sociales azerbaiyanas circulan videos que supuestamente muestran los restos de los drones, aunque su autenticidad no ha sido verificada. Lo que sí parece claro es que, tras este episodio, la frágil estabilidad en el Cáucaso sur pende de un hilo.





